Islas Cicladas: Santorini y Mykonos

Hace muy pocos días estaba ‘voltando’ (dando vueltas, como se dice en Catalunya) por dos de las más conocidas Islas Cicladas: Santorini y Mykonos.

Tanto en una como en otra, deslumbran las casas cúbicas y blanquísimas con peldaños, puertas y ventanas de madera, balcones de azules intensos, iglesias pequeñas y lujosas, tabernas pintorescas, tiendas de arte popular que adornan las calles, dando la impresión de un espacio interior.

Mi viaje, acompañada de una gran amiga, comenzó en Santorini, aunque si tuviera que recomendaros seria al revés, deben de comenzar en Mykonos y acabar en Santorini descansando.

 

La joya del Egeo.

Santorini, es un enclave mágico donde el sabor y el color del mediterráneo es especialmente intenso. La capital es Fira, blanca, superpoblada, con rincones que harán que te sientas en una postal.

A muy pocos kilómetros de Fira, no podéis dejar de visitar, Oia (Ia), nosotras optamos por alquilar una moto, es una manera de recorrer todos los rincones de la Isla por nuestra cuenta y no quedarnos con la típica visita turística en barco que te lleva de un pueblo a otro y te sube en burro a OIA a la hora que cae el sol. De esta forma, recorrimos la carretera de Fira  a Oia disfrutando de los impresionantes acantilados, las bellísimas iglesias escondidas entre las montañas y parando en sitios de productos típicos a degustar  manjares griegos.

Prepárate! porque una vez que llegues a Oia habrá un antes y un después en las puestas de sol de tu vida, es algo que deslumbra, se disfruta de una forma que solo el que ha estado allí podrá entenderlo. La gente de la isla, prácticamente todos sus habitantes, día tras día, se desplazan a esa hora mágica hasta allí.

Santorini tiene playas dignas de ver, son curiosas y auténticas, The Red Beach y Perissa, las más bonitas. La primera, se caracteriza por tener que subir unos cuantos metros de montaña y luego bajar una larga escalera natural para llegar a sus orillas. Es un enorme acantilado de piedra volcánica roja, bañada por las azules aguas del egeo, crean un contraste digno de fotografiar. Perissa en cambio, es una playa de pequeñísimas piedras negras ubicada en un entorno paradisíaco.

Sinceramente, lo menos recomendable de Santorini son sus playas, o al menos en mi caso, cuando pienso en una bonita playa, pienso en arena de grosor medio, que no se pegue mucho, pero que tampoco sea roca; de color claro y aguas turquesas y transparentes. Aun así, sus playas merecen ser vistas. Puede también, que mi visión sobre las playas haya estado opacada por el enorme atractivo que tienen sus pueblos.

Me atrevo afirmar que Santorini es una isla que atrae y embruja. De ensueños, bien llamada: la joya del Egeo.

 

La Ibiza Griega.

Después de los días vividos en Santorini, el listón había quedado muy alto, era difícil llegar a otra isla y no decepcionarse, sin embargo, Mykonos estuvo a la altura. Precisamente porque tiene lo que Santorini no supo darme: magnificas playas, insuperables en belleza.

Las montañas abruptas que encontramos en la mayoría de las Islas Cícladas, aquí dan paso a bajas colinas rocosas que junto con las playas caracterizan el entorno natural de la isla.Se dice que en Mykonos el legendario Heracles (Hércules) mató a los gigantes, cuyos cuerpos petrificados formaron las rocas de la isla.

El característico puerto de Mykonos, delante del distinguido frente de la costera “Hora” (Jora) o Chora, donde los barcos de pescadores y yates lujosos lindan armoniosamente, presenta una imagen diferente de las demás aldeas del Mar Egeo. Mientras otras están construidas como un anfiteatro en llanuras o cimas, ésta se extiende en dimensiones niveladas y presenta una indisoluble solidez y coherencia. Los lugares más pintorescos de Chora, son su famosa “pequeña Venecia” y los encantadores Molinos de viento.

Mykonos te enamora conforme te vas adentrando, en sus callejuelas estrechas, angostas, adoquinadas que se entrecruzan desordenadamente formando una especie de laberinto. Las calles están plagadas de diminutas iglesias, tiendecitas, bares, pubs, restaurantes, galerías de arte y casitas cúbicas muy pintorescas, todas ellas encaladas con sus puertas y ventanas pintadas de azul ultramar, rojo cadmio o azul cerúleo y adornadas por buganvillas de diferentes colores que cuelgan de sus balcones.

En el pueblo siempre encontrarás un fuerte, pero cálido viento, que es una constante. Sin embargo, la disposición de sus playas en una especie de depresiones respecto del pueblo, hacen que se pueda disfrutar de ellas con viento moderado o sin él. Sumado al impresionante azul del Egeo, con una temperatura perfecta, la arena de un grosor ideal y con unos chiringuitos de playas alucinantes, hacen de un día de playa, un deleite sin precedentes.

Y por supuesto, como no mencionar lo que ha hecho a Mykonos una fama internacional: su fiesta.  Sinceramente, hacia las tres de la tarde comienza una fiesta que es muy difícil de describir. Creo que el mejor adjetivo es ÚNICA. Y afirmo que Mykonos está MAL llamada la Ibiza griega porque supera a la Balear en muchos, por no decir en todos los aspectos.

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