Túnez: ‘Campamento nocturno’

Plenamente fiel a mi idea de que viajar abre la mente y que si todos viajáramos aunque sea un poquito, viviríamos en un mundo mucho más respetuoso de las culturas y los valores de los demás, decidí emprender un nuevo viaje. Destino: Túnez.

Tengo que reconocer que siento especial predilección por los países y la cultura árabe, si no es tu caso, o si nunca has viajado a un destino de este tipo, este es un buen sitio por donde comenzar.

Tenía muchas ganas de llegar a Túnez, destino de fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, turcos, españoles, musulmanes y franceses;  y averiguar que han dejado a su paso.

 

¿Que encontré?

El resultado de la peregrinación de tantas culturas a lo largo de los años, hacen de Túnez un sitio exótico, mezcla, en todos los aspectos.

Túnez tiene los desiertos, los oasis, las mezquitas y los dromedarios, todo aquello que nuestro imaginario colectivo asocia a la palabra árabe, pero también tiene características típicas del mediterráneo, que otros destinos de África no comparten: playas, buen clima, y una comida que recuerda más a sabores españoles que las de ningún otro país árabe.

La capital, la ciudad de Túnez, es la única del país comparable a una ciudad europea, cosa que atenúa el impacto de una nueva cultura y que permite interiorizar conceptos nuevos poco a poco.

El paisaje a los lados de la carretera es totalmente desértico -no hay nada que pueda crecer en un suelo tan salado-, y el aire caliente puede provocar  espejismos, hasta el punto de distinguir el reflejo de las palmeras en el agua imaginaria.

Con este relato, no intento informar de sitios, nombres o rutas para recorrer el país, todo puedes encontrarlo en google, lo que intento es trasmitir mis sensaciones del viaje y contarles aquello que la guías de turismo no explica.

Ante este objetivo, comienzo a recordar y lo primero que viene a mi mente es la sensación de calor, un aire caliente que golpea y que hace que la primera idea al llegar al destino sea colocarte lo más fresco y liviano que tengas de ropa. Luego entiendes porque ellos van totalmente tapados y lo equivocado que estabas al colocarte la camiseta de tirantas y es que la piel pide a gritos que el sol no la toque.

A pesar de las altas temperaturas, el Sáhara me esperaba, y para mi sorpresa, la arena no quema, es fina y de un tacto sedoso. El sol se pone de una forma cinematográfica y el aire es puro como pocas veces he sentido…y de repente estas ahí, dunas, sol y un cielo limpio que parece que jamás lo hubiese surcado una nube, deseaba que el tiempo se detuviera y que mi retina guardara siempre esa imagen, y, creo que lo ha hecho.

Anduve dos horas en dromedario por el desierto, vi la puesta de sol completa y compartí un paseo con locales de allí y con uno de los animales típicos, el zorro del desierto, un pequeño animalito muy activo que solo calma su estrés con las caricias de la gente y es igual de domesticable y adorable que un perrito.

Habiendo visto la inmensidad del desierto, parecía difícil de volverme a deslumbrar en este viaje, sin embargo, el hombre también ha dejado en Túnez una enorme huella como es el cuarto anfiteatro más grande del mundo y el más grande de África: El Djem. Su antiquísima construcción es espectacular y para los cinéfilos se filmaron allí escenas de la película ‘Gladiador’.

Pero este, no es el único destino para los amantes del cine, en Túnez, se conserva el decorado de la guerra de las galaxias y todo comienza con una excitante excursión en 4×4 que debe realizarse por dunas virgenes para llegar. Una vez allí, mientras tu vista admira lo que alguna vez viste en la pantalla grande, vas tomando consciencia que el verdadero escenario admirable es el natural que rodea el montaje cinematografico y que te hace sentir en el medio de la nada.

En Túnez pueden admirarse paisajes desérticos totalmente a lo largo de todo su territorio, pero también, podrás ver increíbles oasis naturales y artificiales, ambos muy verdes pero con diferentes fisonomías. Los primeros, tienen cascadas y palmeras, tal como imaginamos al pensar en ellos. Los últimos, tienen la estructura necesaria para dar lugar a las plantaciones de dátiles y que éstas, formen el microclima adecuado para que otras plantas, como frutales puedan crecer a sus pies. Es impresionante ver el sistema de riego que los tunecinos son capaces de desarrollar en territorios tan áridos y extensos.

Túnez es seguro, su gente es amable, podría decir que de los países árabes (descantando Turquía) el más occidentalizado y no es casualidad que su nombre signifique: «campamento nocturno» si es que aquí parece que todo el pasa se queda a disfrutar un tiempo.

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