¿Puede ser viajar una enfermedad?

Entendiendo la enfermedad como una idea opuesta al concepto de salud, es decir, aquello que origina una alteración o rompe la armonía en un individuo, entonces, el hecho de viajar no es una enfermedad. Pero, ¿qué sucede cuando una necesidad imperiosa de viajar que no puede ser satisfecha ocasiona una perturbación en la persona llevándola a cuestionarse toda su vida? ¿Podría, entonces, considerarse una enfermedad?

¿Cuáles serían los síntomas?

  • Marchar de viaje y nunca tener deseos de volver a casa.
  • Volver y estar pensando en tu próximo destino.
  • Tener estrés post-regreso.
  • No concebir la idea de vacaciones en casa.
  • Tener la necesidad de conocer otras culturas y países todo el tiempo.
  • Contar con frecuencia los países conocidos y los que quedan por conocer.
  • Tener como único objetivo por el cual trabajar la obtención de recursos para viajar.

Como toda enfermedad, no es para preocuparse mientras somos portadores de ella sin padecer sus síntomas, o bien, cuando los tenemos controlados. Pero, ¿qué sucede cuando la necesidad de viajar te impide seguir con tu vida cotidiana? Qué hacer cuando sientes que todo lo que te mantiene en un solo sitio molesta a tu único objetivo de ‘conocer mundo’, pero que, sin estas cosas, como por ejemplo: el trabajo, no tendrías dinero para viajar.

Cuando no pasa un solo minuto del día en que no estés pensando en cómo poder financiar desde cualquier sitio tu subsistencia y traslados, o que tarea puedes realizar que a alguien le interese financiar para de esta manera vivir viajando y pareces no encontrar la salida y comienzas a sentirte atrapado y desesperado.

Entonces, tu equilibrio se rompe y aquello que parecía una afición o un pasatiempo se ha convertido en una necesidad vital. He aquí, el momento en que dejas de ser portador ‘sano’;  y como de esta enfermedad no hay cura aún, puedes intentar convivir con ella o trabajar para satisfacer los deseos y aliviar los síntomas.

¿Cuál es la causa? Será la rutina que mata y el intentar salir de ella a algunos los lleva al extremo contrario. O tal vez, es  la gratificante sensación que causa la adrenalina de lo desconocido, y al igual que una droga, cada vez hace falta una dosis mayor. O el haber probado lo que se siente al perderse entre los paisajes que oportunamente aparecen ante ti como un regalo del mas allá para dejarte sin aliento. O a lo mejor, simplemente algunas personas nacen con ese gen que tarde o temprano acaba despertándose.

Sea cual sea el motivo, descubrir que todo lo conocido lo aprehendemos con una estructura mental sesgada por el entorno geográfico en el que vivimos y  entender que podemos descubrir los parámetros con los que otras personas conocen el mismo mundo y ver lo distinto que puede llegar ser, es tan apasionante que hace que algunos no puedan prescindir de ello.

Después de todo, ¿por qué intentar evitarlo? ¿Crees que si el deseo es irrefrenable nos arrepentiremos?; seguro que NO. Y si un día los síntomas desaparecen, ¿acaso no estamos a tiempo de elegir un sitio donde quedarnos por siempre?; claro que SI.

Es por eso que si eres portador de este virus que es viajar, no te resistas, déjate llevar. Seguro que tu subconsciente está trabajando para que pronto esa sed de conocimiento sea satisfecha…no te agobies todo llegará, no me ha sucedido aún, pero creo que así debe de gestarse el primer largo viaje.

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Categorías: Viajar solo.. | Deja un comentario

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