La Venecia del Norte: Brujas

Llegar a Bélgica fue gratificante desde el inicio, los traslados de aeropuerto- Bruselas, de Bruselas -Brujas y del centro al hotel fueron deleitables. La comunicación entre ciudades es magnífica, bien señalizado, el transporte pese al clima con fuertes nevadas llega a tiempo y permite disfrutar de un paisaje blanco encantador que se extiende a lo largo de todo el trayecto que hay de Bruselas a Brujas. El entorno era tan mágico que lo que suele ser  un trámite engorroso se convirtió en un agradable paseo.

Brujas es una ciudad amable, con estilo, elegante y sofisticada, conocida como la ‘Venecia del Norte’ . Conserva los aires y el estirpe de los tiempos en que fue una metrópolis potente, hasta que perdió su cualidad portuaria.

Hoy Brujas tiene una vida apacible. La belleza de sus casas, el encanto de sus canales, el orgullo de sus viejos edificios, hace de la urbe un destino apetecible para amantes de la belleza y el arte. Desde el año 2000 esta vieja ciudad es Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Una de las ventajas del casco antiguo es que es perfectamente abarcable a pie gracias a sus relativamente pequeñas dimensiones.

En el centro lo que más llama la atención es H. BELFORT (CAMPANARIO). Es la torre más famosa de Brujas, tiene una armónica estructura que hace que sea, al menos para mí, la más bella de la ciudad. El campanario mide 83 metros y merece la pena subir 365 escalones ya que desde la cima se obtienen las mejores vistas de la urbe. Tiene además, el encanto de contener  47 campanas que ha sonado cada cuarto de hora los últimos siete siglos.

Otro encanto típico de esta ‘mini ciudad’ es la Plaza Mayor, también llamada Markt, esta plaza es el centro neurálgico de Brujas. En ella, se sigue celebrando un mercado todos los sábados y allí podemos disfrutar de olor a chocolate caliente recién hecho, a Frankfurt y miles de productos típicos que la gente degusta a pie bajo la nieve. Observarás rostros belgas colorados debido a las bajas temperaturas,  pero con una grata expresión que delata lo a gusto que están conversando plácidamente en las calles, parece que la temperatura para ellos fuera primaveral. Llevan gran parte de su vida en las cafeterías y bares, es la forma más adecuada de socializar y compartir momentos con amigos pese al clima crudo del invierno.

Por cierto, Brugge, como se denomina en flamenco la ciudad y que significa ‘puente’ justamente por la cantidad que hay debido a los canales que atraviesan la ciudad, se caracteriza por la gran oferta de espectáculos que posee, en mi caso, me decante por ir ver “Historium Brugge”. Es un espectáculo sin parangón, un recorrido de 35 minutos por la magia medieval de Brujas donde se mezclan el cine, la música y el arte a lo largo de siete salas temáticas en las que hay que poner en juego los cinco sentidos.

Una visita obligada, y muy placentera, es el Museo del Chocolate, no tiene desperdicio, es entretenido e interactivo. Enseña el descubrimiento, la historia, y como fue adentrándose en cada uno de los continentes y sus procesos de elaboración hasta llegar a la que conocemos hoy en día. También, tiene una sala donde desmitifica ciertas creencias populares del chocolate tanto de sus beneficios como prejuicios, acabando en una demostración de fabricación cuyo broche de oro es la degustación….mmm, solo recordarlo se me hace agua la boca.

Brujas es también conocida como la ciudad de los enamorados, es verdad que es bastante romántico el entorno, pero sobretodo se la considera así por el famoso ‘Parque de los Enamorados’, donde, según cuenta la leyenda una dama se enamoro de un hombre cuyo estatus social no era el mismo que el de ella y al oponerse sus padres a la boda, escapó, se refugio en el parque donde desgraciadamente murió y su amado la enterró en el lago para que el amor perdurase por siempre allí. Cierta o no la leyenda, el parque es un espacio verde precioso donde abundan los cisnes blancos, como ya les comente he conocido Brujas en medio de una nevada, de forma que no puedo corroborar el verde y las flores que la gente tanto admira del parque pero debo reconocer que tiene su encanto también ver los elegantes cisnes en un lago enteramente congelado.

Hay quien afirma que Brujas puede verse en mediodía, si, es verdad… puede verse, pero no observarse, ni apreciarse y mucho menos disfrutarse…

Un paseo por Brujas es un viaje al pasado, un cuento de hadas hecho realidad y esto merece más que mediodía…

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